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10/11/2006

El muro de la vergüenza

Creo que fue en el año 89 cuando el mundo asistió feliz al fin del Muro de la Vergüenza. Un muro que simbolizaba la falta de libertad y la imposibilidad para millones de habitantes del este. Ese muro cayó, y para demostrar quien había ganado, los trozos se vendieron a precios abusivos. El negocio del ladrillo, en sentido literal.

Desde entonces, la valla de melilla ha sido reforzada, ampliada y se le han añadido nuevas espinas que rasguen la piel y la carne de quienes traten de pasarla. En Oriente Medio, el estado de Israel ha construido un muro que los separe de sus conquistados, y varios más, para aislarlos entre ellos evitando así que puedan unirse, comerciar, trabajar juntos e inluso acceder al agua en algunos casos.

EE.UU. inicia la construcción de un super-muro que los separe de sus vecinos del sur, ahora que se ha visto que permitir a los grupos ultras cazar mexicanos en el Río Grande no es suficiente para evitar la migración, y las fronteras de a Unión Europea devuelven todos los días autobuses de aquellas gentes del este que, recordando de pronto la alegría con la que se derribó el muro para que pudiesen venir, deciden aceptar la invitación.

Como las grandes migraciones de ñúes que vemos en la segunda cadena, miles de personas toman la ruta hacia mejores pastos todos los días, muchos caen en el camino empujados a los barrancos, ahogados en los ríos o aplastados por sus compañeros. Pero la marcha sigue.

Sin embargo ahora ya no es una vergüenza, porque ya no mueren asesinados por un sistema totalitario, sino en nombre del estado de derecho. Es la pena por carecer de contrato en origen. Y no pasará mucho antes de que concedamos créditos a bajo interés para que compren a empresas europeas los ataúdes para enterrar los cadáveres recuperados. Con su sello de homologado y todo.

10/11/2006 18:32 Autor: elliobumeran. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

18/11/2006

CONTRA LA EFICIENCIA ECONÓMICA

Uno de los argumentos que utilizan los defensores del capitalismo para atacar a los planteamientos económicos colectivistas y planificados es el de la mayor eficiencia de la propiedad privada. Si los medios son de todos, dicen, nadie se preocupará por evitar el derroche y asegurar el uso eficiente de los recursos.

 

Pues bien, este argumento, además de falso, es desde mi punto de vista irrelevante para decidir sobre el modelo económico deseable para la sociedad.

 

La falsedad del argumento la trataré otro día, me limitaré a indicar que desde el punto de vista teórico liberal el capitalismo actual no es una sociedad de libre mercado, sino de competencia monopolística, ineficaz por definición. Baste también ver el ejemplo de la revolución industrial producida en Rusia que pasó de un país tercermundista a ser la segunda potencia en tiempo récord, o preguntarse por qué en la II guerra mundial, cuando de la capacidad productiva dependía la propia vida, Inglaterra centralizó su economía.

 

Pero yendo a la mayor: ¿debe ser la eficiencia económica uno de los objetivos principales de un sistema económico? Yo lo tengo claro: no.

 

La eficiencia (energética, económica o en cualquier sentido) es la relación entre el producto obtenido y los recursos empleados. Desde el punto de vista de la empresa privada es evidentemente un factor importante porque permite al dueño aumentar sus margen con una capacidad de inversión normalmente limitada, el capital de que dispone para aportar a la empresa.

 

Pero, si consideramos no el beneficio de una empresa concreta sino el funcionamiento de la sociedad en su conjunto, la imagen cambia de forma radical. Los tres recursos productivos clásicos trabajo (recursos humanos), tierra y capital (en forma de sistemas productivos y materias primas) están claramente infrautilizados.

 

El trabajo: cientos de millones de seres humanos no producen por falta de trabajo, o producen con medios absolutamente primitivos estando claramente desaprovechados. Es más, cruzan mares, ríos y montañas en cayucos, a nado o escondidos en camiones para llegar a donde se les explote. Y muchos mueren en el intento.

 

La tierra: puede que haya un problema en ciertas partes de Europa, pero medio mundo está vacío. Ved un mapa de población de China, África o incluso Castilla y León.

 

El capital: en este aspecto sólo la disponibilidad de materias primas, y sobre todo de algunas muy concretas como la energía, los derivados del petróleo o la madera, presentan un problema de escasez. Sin embargo, aún en este caso una economía racionalizada y planificada tendrían un amplio margen. Hoy en día la energía la malgastamos en mover transportes privados que gastan más en transportar el coche que la carga que llevan, no usamos sistemas eficientes en energía... y el reciclaje y el uso de materiales y energías renovables están aún en pañales.

  

No pretendo decir que haya que esquilmar hasta el último recurso del planeta y acabar con cada rincón natural para volverlo productivo. Sin embargo, en el nivel actual de producción, con un reparto decente de los producido el mundo entero podría vivir dignamente.

 

Teniendo en cuenta que enormes cantidades productivas permanecen inutilizadas, incluyendo millones de personas que pasan hambre y calamidades por esa causa: ¿Qué sentido tiene centrarse en la eficiencia del uso de unos pocos recursos, mientras mantenemos inutilizada tal cantidad?

 

En el fondo es como la memoria de los ordenadores. Antaño, cuando se funcionaba con ordenadores de 64 o128  ks era fundamental que cualquier aplicación fuese eficiente al máximo en el uso de la memoria, pues de lo contrario no funcionaría. Pero hoy en día, ¿elegiríais un sistema operativo por el espacio que ocupa en vuestro disco duro, cuando tiraréis el ordenador con decenas de gigas sin usar?

 

 No nos dejemos confundir, nuestro objetivo no es la eficiencia, sino una vida digna y feliz.
18/11/2006 19:32 Autor: elliobumeran. Enlace permanente. Hay 1 comentario.
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