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El Lio Bumerán - Un Blog paraTocar las Pelotas

El muro de la vergüenza

Creo que fue en el año 89 cuando el mundo asistió feliz al fin del Muro de la Vergüenza. Un muro que simbolizaba la falta de libertad y la imposibilidad para millones de habitantes del este. Ese muro cayó, y para demostrar quien había ganado, los trozos se vendieron a precios abusivos. El negocio del ladrillo, en sentido literal.

Desde entonces, la valla de melilla ha sido reforzada, ampliada y se le han añadido nuevas espinas que rasguen la piel y la carne de quienes traten de pasarla. En Oriente Medio, el estado de Israel ha construido un muro que los separe de sus conquistados, y varios más, para aislarlos entre ellos evitando así que puedan unirse, comerciar, trabajar juntos e inluso acceder al agua en algunos casos.

EE.UU. inicia la construcción de un super-muro que los separe de sus vecinos del sur, ahora que se ha visto que permitir a los grupos ultras cazar mexicanos en el Río Grande no es suficiente para evitar la migración, y las fronteras de a Unión Europea devuelven todos los días autobuses de aquellas gentes del este que, recordando de pronto la alegría con la que se derribó el muro para que pudiesen venir, deciden aceptar la invitación.

Como las grandes migraciones de ñúes que vemos en la segunda cadena, miles de personas toman la ruta hacia mejores pastos todos los días, muchos caen en el camino empujados a los barrancos, ahogados en los ríos o aplastados por sus compañeros. Pero la marcha sigue.

Sin embargo ahora ya no es una vergüenza, porque ya no mueren asesinados por un sistema totalitario, sino en nombre del estado de derecho. Es la pena por carecer de contrato en origen. Y no pasará mucho antes de que concedamos créditos a bajo interés para que compren a empresas europeas los ataúdes para enterrar los cadáveres recuperados. Con su sello de homologado y todo.

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